Goleada bajo la lluvia ante un débil Dinamo
Los delanteros vitorianos demostraron su buen olfato.


El público se divirtió en Mendizorroza al presenciar seis goles, pero todavía habrá que preguntar a los responsables por qué se hizo coincidir este partido con el de la Selección en Grecia. A pesar de ello, la afición estaba ansiosa de ver por primera vez al equipo de Mané en casa y respondió en la desapacible noche. El Alavés dominó el partido de principio a fin y se hizo acreedor al Trofeo Diputación frente a un Dinamo de Bucarest romo e inoperante en ataque.
En los primeros compases ya se detectó que la batuta la llevaban los vascos y un cabezazo a la salida de un córner de Iván Alonso fue el primer aviso. Minutos más tarde, los de Mané se adelantaban en el tanteador merced a una buena combinación y para el minuto 36 ya habían abierto brecha. Ni siquiera el golazo de Lanciolescu llevó el temor a las gradas, pues todo el mundo era consciente del dominio territorial local.
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Mané mantuvo su esquema táctico durante todo el partido, aunque en la segunda mitad cambió sus peones. Begoña entró por Llorens y Magno por Geli, retrasando a Edu Alonso al lateral derecho. Posteriormente hubo rotación de centrales, incorporándose Eggen y Karmona por Abelardo y Téllez. Incluso entró Ochoa, aunque tuvo que colocarse de doble pivote en el centro del campo junto a Desio. El carrusel de cambios no hizo variar mucho el panorama y el Alavés fue aumentado su renta rompiendo en numerosas ocasiones la táctica del fuera de juego rumana. Con medidos pases en profundidad, los vitorianos desactivaban una y otra vez a la defensa del Dinamo.
Los delanteros del equipo vasco se pusieron las botas y a excepción de Magno, todos los que jugaron acabaron mojando. El partido estuvo pasado por agua en todo momento y la tromba de agua tuvo fases en que se vio acompañada de tormenta eléctrica. A pesar de ello, el espectáculo no quedó deslucido y el campo de Mendizorroza demostró tener un drenaje excepcional.