La Supercopa de las miniprórrogas
El fútbol se viste de gala en Mónaco, el pequeño imperio de los Raniero. Reparto de premios de la temporada anterior (al Madrid le han caído varios, faltaría más), sorteo de los grupos de la Champions y de la UEFA y hasta quién sabe si en las entretelas de tanto acto no acabará consumándose de una vez por todas el fichaje de Ronaldo. O en su defecto el de Jardel, que coge allí su tercera Bota de Oro. Y como acto central de tanta fiesta, el partido de la Supercopa, Madrid-Feyenoord. Con estreno de una nueva fórmula para el caso de empate, que viene a matar al gol de oro.
Noticias relacionadas
Consiste en que la prórroga se da por terminada a los quince minutos si uno de los equipos ya ha roto el empate. Si no ha sido así, se cambia de campo y se juega la segunda mitad de la prórroga. (O, mejor, una segunda prórroga de quince minutos). Si el empate sigue, habrá penaltis. Una fórmula para desplazar el gol de oro... que nació para desterrar los lanzamientos de penalti... ideados en su día para evitar la sucesión de prórrogas... que en tiempos se usaron para eliminar los partidos de desempate... única fórmula de verdad justa, pero que las prisas desterraron.
Un modelo nuevo, no probado antes (siempre se ha mantenido el buen criterio de ensayar este tipo de novedades en competiciones juveniles) y metido a toda prisa. Mata el gol de oro y lo mata demasiado pronto a mi juicio y con una fórmula cuyas ventajas no son fáciles de ver. El éxito del fútbol ha sido la lealtad a su sencillez, que ha permitido que sus reglas y sus códigos se transmitieran de generación en generación. Ahora lo rodean demasiadas personas que quieren dejar su huella en él con inventillos menores como éste, que no dan nada, duran poco y enredan bastante.
