Ayala y Rafa Guerrero: mezcla explosiva
Fue a los tres minutos. Saltó Ayala junto a Makaay. Era un balón cualquiera, por el medio campo, cerca de una banda. Ayala gana el cabezazo, con el consiguiente empellón a Makaay. Pero justo cuando ambos cuerpos se separan, el defensa manda la mano a pasear por la cara de Makaay, que rueda, doliéndose. ¿Golpe? ¿Dedos frotando un ojo? ¿Algo serio o poca cosa? El caso es que allí estaba Rafa Guerrero y su informe fue demoledor. Iturralde expulsó a Ayala. Tres minutos, tres goles a remontar y sólo diez jugadores. Demasiada desventaja para el Valencia.
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¿Era para tanto? El plano de televisión tapa la mano de Ayala en el momento clave. Es difícil saberlo. Rafa Guerrero tiene estrepitosos precedentes de entrometido, Ayala los tiene de violento. Formaban una mezcla explosiva. Mala suerte, porque el lance alteró el partido. Tras eso, el Valencia puso un empeño ejemplar en luchar contra los goles, contra la inferioridad numérica y contra la inferioridad futbolística. Porque el Depor, encima de todo lo demás, también tenía más fútbol. Aunque menos ganas de lucirlo que en el partido de ida. Concibió un partido sin desgaste.
Así que todo le quedó al Valencia. Y desde el fondo de sus desgracias hizo alto honor al fútbol. Desde Cañizares, magnífico parando y dando salida al balón con soberbios desplazamientos, hasta Vicente, que jugó de maravilla, todos echaron el resto. No todos acertaron tanto como estos dos, pero la actitud general del equipo mantuvo la tensión hasta muy avanzado el partido. Hasta el cambio sacrílego de Vicente por Carboni, concretamente. En fin que, incidentes aparte, y unas cosas con otras, ha sido una gran Supercopa. Con fútbol, con tensión y con un gran campeón.
