Josep Jufré dejó a Sevilla con las ganas
Manzano (Kelme), cazado a dos kilómetros, fue el vencedor moral.

La Clásica a los Puertos repartió ayer múltiples honores. Hubo un ganador real (Josep Jufré), un héroe y vencedor moral (Jesús Manzano), un equipo dominador sin premio (ibanesto) y un ídolo de masas (Óscar Sevilla). Entre todos ellos pusieron los ingredientes al último plato antes de la Vuelta a España.
Un modesto del Boavista, precisamente el único comensal que no estará en la Vuelta, se llevó la mejor parte del banquete. Josep Jufré, uno de los numerosos españoles que se han visto obligados a emigrar a Portugal, impuso su mejor punta de velocidad en el grupo de nueve ciclistas que se jugaron la victoria final. De paso, este catalán de 27 años se ganó un contrato para la próxima temporada con el Relax-Fuenlabrada. El acuerdo está casi cerrado.
El héroe del día. Antes de este desenlace, el grupo tuvo que trabajar de lo lindo para echar a la cazuela al héroe del día. Jesús Manzano, 24 años, madrileño de Zarzalejo, confirmó que la cantera del Kelme es inagotable. Atacó en Los Leones, neutralizó una fuga de once, volvió a demarrar, bajó el pie para esperar al grupo de Sevilla, se marchó otra vez con Díaz Lobato, arrancó en solitario en la subida a Navacerrada y desde allí cabalgó hasta que fue cazado a dos kilómetros de la meta. Vicente Belda está dudando entre llevarle a la Vuelta o al Tour del Porvenir. Ayer, seguramente, se ganó una plaza en la ronda española.
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El ibanesto, con tres hombres en el grupo perseguidor (Mancebo, Fito García y Koldo Gil), fue el culpable de la caza. El equipo bancario, que presentó una potente alineación, tenía mayoría en la fuga y cargó con esa responsabilidad. Pero al final no pudo obtener más fruto que el segundo puesto de Fito y el quinto de Mancebo. Sólo se echó en falta por allí a Juanmi Mercado, pero tranquilos, porque hará una gran Vuelta.
Quien más racaneó en ese grupo fue Sevilla. Lógico. Por delante tenía a Manzano, la excusa perfecta. El manchego llegó fresco a la parte final y lanzó el sprint desde muy lejos, pero fue remontado por Jufré y Fito. Óscar cruzó la meta dando un puñetazo en el manillar. Normal. Quería la victoria, necesitaba ganar.
El ídolo. Sin embargo, Sevilla pudo comprobar en la llegada que no es imprescindible la victoria para sentirse un ídolo de masas. En Guadarrama recibió el calor del público y la lucha por su autógrafo provocó tal locura, que incluso voló alguna botefada entre la gente y él estuvo a punto de perder las gafas. Óscar, que el sábado hizo la travesura de teñirse de rubio, sigue siendo el más querido.