Todo por un cretino que tiró algo
Demasiada bronca ante el partido de vuelta de la Supercopa. El fútbol es un territorio apasionado en el que con frecuencia ocurren cosas que sacan a la gente de quicio. Partidos muy ajustados, que se endurecen, errores del árbitro, reales o imaginarios, circunstancias que calientan los ánimos de forma inesperada... Pero en A Coruña no pasó nada de eso. El partido discurrió con normalidad, el marcador se desequilibró pronto, el público local vivió una jornada feliz y el resultado dejaba todo aparentemente liquidado antes de tiempo. Entonces, ¿qué pasó?
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Pasó que un cretino (uno entre varios que lanzaron cosas) atinó a Cañizares en la cara con algo. Posiblemente, un papel aluminio de los que envuelven bocadillos, convenientemente apretado y convertido en una bola maciza. Un proyectil así no es una bola de hierro, pero tampoco es una bola de papel, como se ha dicho. Es algo que duele y que provoca desconcierto en el que lo recibe. Es algo que nunca tiene justificación, y que en este caso no tiene ni explicación. ¿A qué venía ese lanzamiento al final de un partido, felizmente resuelto sin líos?
En un país cada vez más civilizado todavía se cuelan en el fútbol descerebrados. Este les ha hecho un mal favor a sus colores. Su acción ha reactivado el deseo de revancha del Valencia y ha predispuesto a la afición ché a vivir una remontada heroica. Ha cohesionado las filas de un enemigo desmoralizado. Ha puesto al Depor en riesgo de que le cierren el campo. Ha alimentado el encono entre dos queridos clubes, ejemplo de nuestro fútbol por tantas otras cosas. Ha desprestigiado al público al que pertenece. Gente así cada vez hay menos, pero se les nota mucho.
