Con Joaquín y Valerón todo fue distinto
Hay jugadores distintos y dos de ellos son Joaquín y Valerón. Como en las bodas de Canaán, el buen vino se sirvió avanzado el banquete. Y el aburrimiento de la primera parte, que sólo se salvaba por la bella intención del partido, se transformó en un espectáculo atractivo. Fútbol alegre e ingenioso, abierto, con Valerón y Joaquín ingeniando y con Hungría rebelándose con orgullo torero. ¿Por qué no salieron de principio? ¿Cuáles son los planes de Sáez, cuál su verdadera intención? Lo iremos sabiendo. Ayer se refugió en la maraña de cambios para ocultar su indecisión.
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Lo que queda claro es que el modelo que maneja (y manejó ayer) es el que le encaja como guante a la mano a Valerón: el mismo 4-2-3-1del Depor, que le respalda con dos pivotes que le alivian de trabajo, le acompaña de dos extremos y le ayuda con la referencia de un delantero arriba. Así es como se ve al mejor Valerón. Y merece la pena. ¿Y Raúl? Ahí está la cosa. Los dos se mueven por la misma zona. O se mete a Raúl en punta o hay que empezar a hacer combinaciones raras a base de sacrificar algo: uno de los dos pivotes, un extremo... Eso hizo Camacho en el Mundial. Sacrificó cosas y encima tampoco tuvo a Valerón, porque el verdadero sólo florece en la más pura y cristalina versión de 4-2-3-1.
Ahí está la prueba de Sáez. Hacer un equipo con o sin Valerón, porque con Raúl me figuro que lo hará, en todo caso. Y lo bueno que tiene Raúl es que prospera en biotopos muy diferentes. ¿Y Joaquín? Lo suyo sí que no-se- pué-aguantá. Tiene que jugar sí o sí. Lo que él ofrece no lo ofrece nadie. Buscar polifuncionales para compensar espacios cuando se tiene un jugador así es una feroz melonada.
