Yo digo Alfredo Relaño

Puskas nunca leerá este artículo

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Yo alcancé a ver jugar a Puskas. Lamento decirlo, porque eso delata mi edad, pero también lo celebro, porque hay unas pocas cosas por las que merece la pena presumir de años. Jugaba bien de verdad. Vi sus últimos años, cuando ya iba para cuarentón y lucía una barriga impropia de un deportista, pero aun entonces eran tales su superioridad técnica y su talento que seguía ganando ligas y pichichis, y marcando goles a pares en las noches europeas. Sobrevivió a Di Stéfano. Una noche, ante el Rapid de Viena, se despidió de todos nosotros con un abrazo a Velázquez.

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Es el único jugador que ha hecho dos carreras sucesivas cualquiera de las cuales le hubiera bastado para ser considerado como un grande. Primero fue en el Kispest (luego Honved) y en la Selección Húngara. Aquel equipo aterrorizó en Europa, rompió la invencibilidad inglesa en Wembley y hasta mereció la solidaridad de los infortunados cuando la desgracia le privó de la Copa del Mundo, allá en Suiza-54. No le gustaba hablar de aquello. Un día le pregunté por qué perdieron aquella final: "Porque Alemania metió un gol más que nosotros". Y no pude sacarle de ahí.

En el otoño de 1956 los tanques soviéticos entraron en Budapest. El Honved estaba en viaje de Copa de Europa a Bilbao. Puskas no regresó. Año y medio después, con 31 años y doce kilos de más, recibió una oferta de Bernabéu, que escandalizó a sus colaboradores con su audacia. Llegó a tiempo de integrar una delantera inolvidable: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Cuando se fue del Madrid tenía ya cuarenta años y había construido una segunda carrera, tan formidable como la primera. Hoy no recuerda nada de eso. Pero somos muchos los que no lo olvidamos.

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