Riquelme: nada frena a un jugador bueno
Realmente nada puede parar a un futbolista bueno de verdad. Riquelme no tiene sitio en la libreta de Van Gaal, pero sí lo tiene en el corazón de los hinchas culés, en el de los críticos deportivos, en el de todos los aficionados. Salió un rato ante el Legia y ganó dos partidos: el colectivo y el suyo propio. Empujó al Barça hasta un resultado suficiente y se acreditó como un jugador imponente, de esos que lucen como algo especial cuando las circunstancias lo exigen. Ahora asistiremos a un curioso pulso entre su talento y la célebre libreta de Van Gaal, en la que parece que no encaja.
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No estoy en contra de las tácticas. Hay muchas y con cualquiera de ellas se puede jugar bien. Pero no hay táctica que sustituya el talento de un buen jugador, que merezca el sacrificio de un futbolista realmente bueno. La preocupación táctica es tan antigua como el fútbol, pero siempre nació en los equipos que se sentían inferiores a rivales con mejores futbolistas. A falta de otra cosa mejor, les oponían disciplina, atención, buen reparto de espacios, solidaridad... Cosas que le vienen bien al fútbol, pero que no suplantan la magia de un solo futbolista especial.
Y Riquelme es un futbolista especial, de modo que mejor haría Van Gaal en pintar las flechas de manera que coincidan con lo que a Riquelme se le ocurra hacer. Tiene cerca el ejemplo de Del Bosque, que para meter a Zidane forzó el dibujo del equipo, que no tiene simetría, no es recitable, pero que permite que Zidane, Figo, Roberto Carlos, Raúl, Hierro y demás jueguen donde y como mejor saben. (Así que ahí quiere jugar hasta Ronaldo). Eso es lo sensato. Lo otro, el culto fetichista a la libreta, es una vanidad ridícula en alguien que tiene a su disposición jugadores así.
