Del Bosque encabeza la manifestación
Si viene Ronaldo, yo seré mejor entrenador, ha dicho Del Bosque, en el sobreentendido de que cuanto mejores jugadores maneja, mejor es un entrenador. Una visión inteligente. Del Bosque se pone al frente de la manifestación y le abre los brazos a Ronaldo, al que ya habrá llegado el mensaje que más necesita escuchar: si en el Inter has tenido y esperas seguir teniendo problemas con el entrenador, en el Madrid no te ocurrirá lo mismo. En el Madrid te vas a encontrar a un entrenador que valora a las figuras, que se siente orgulloso de tenerlas a su lado.
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Entrenadores y estrellas son colectivos antagónicos. Es curioso lo que les ocurre a la mayoría de los entrenadores con los jugadores de verdadero talento. Si los encuentran en el equipo de enfrente, les mandan sus más rudos defensas a machacarles. Pero si se los encuentran en su propia plantilla, por menos de nada no los sacan, o les cargan de obligaciones tácticas que les aburren. Ejemplos sobran. No hay que acudir a Clemente. Hasta Cruyff y Valdano, dos tipos supersensibles, tuvieron problemas con Laudrup. Y miren donde miren verán que la historia se repite.
Por eso hay que valorar a Del Bosque como algo poco corriente. Lo que él dice es de cajón para cualquiera, menos precisamente para los de su oficio. En su caso concreto, además, ya ha pasado por la prueba de encajar a Zidane en un equipo que funcionaba bien, aun a costa de forzar un dibujo asimétrico, y le ha funcionado. Ahora lo tiene más fácil, porque es cambiar hombre por hombre. Es cambiar la melancólica irregularidad de Morientes por la gloriosa e intimidante presencia de Ronaldo. Si Cúper no te quiere, aquí estoy yo, le dice. Muy bien dicho. La puerta sigue abierta.
