Dichoso Bayern, que siempre se entromete
Yo me había prometido ser más benévolo con los árbitros españoles a partir de mi encuentro con ellos. Y lo voy a intentar cumplir, al menos hasta que pueda. Así que no me extenderé en lo de Fernández Marín, que supongo que ustedes vieron. Y si no, se lo pueden suponer o ya lo encontrarán en este ejemplar, páginas más adelante. Más allá de sus cosas, tras la confusión creada por su mal arbitraje, estaban dos buenos equipos, quizá los dos mejores de Europa en este momento. El Bayern va a mejor. El Madrid está bien, pero a veces crea inquietudes.
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El Bayern es un adoquín en la vida del Madrid. Ya ganó el primer trofeo Bernabéu que se celebró. Y alguno después. Y un día se retiró del campo, en una semifinal, porque Pes Pérez se estaba queriendo lucir a su costa, y para chulitos, ellos. Ahora ha ganado el Trofeo Centenario, y encima dejando sobre el campo la sensación de que con Ballack y con Zé Roberto ha mejorado. Que si llega a estar Elber en vez de Pizarro hacen un destrozo. Que sí, que Kahn es más feo que un bulldog masticando una avispa, pero que al madridismo le tiene comida la moral.
Por su parte, el Madrid sigue teniendo buena pinta. Zidane es fabuloso y otros muchos le andan cerca. Portillo y Cambiasso gustan. Y encima parece que la casa está seriamente a la espera de Ronaldo. El no va más. Claro que en noches como ésta, en las que se ve a Pizarro rematar y fallar tanto, uno tiende a sentirse solidario con Del Bosque y Valdano cuando tanto claman por mejorar la defensa. Pero en las mismas estábamos el año pasado cuando Florentino trajo a Zidane en vez de lo que le pedían, y tuvo razón. Ahora, si el objetivo es Ronaldo, ¿quién se lo puede discutir?
