El calcio, la Liga, Ronaldo, el Madrid
Ronaldo quiere venir al Madrid. Sólo por eso es posible la operación. ¿Y por qué quiere venir Ronaldo al Madrid? En el fondo, por las mismas razones por las que quiso venir Zidane. Porque el calcio es asfixiante. Hace años que allí se sacrificó lo mejor del fútbol a lo que tiene de más oscuro y engorroso: la presión, el tacticismo, la seguridad defensiva. Un fútbol de apretar al contrario donde tenga la pelota y, cuando se le arrebata, mandarla rápidamente arriba, porque así cuando me la quiten será lejos de mi portería. Y vuelta a empezar. Y así una y otra vez.
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Ese estilo de fútbol es grato a jugadores, que también los hay, que aman el esfuerzo físico, la disciplina, tener las cosas claras, el choque entre huesos, no tener que pensar. Jugadores que prefieren baldarse el cuerpo antes que adoptar responsabilidades. Jugadores que descansan en un sistema táctico y que saben que si cumplen con él, a costa de sangre, sudor y lágrimas, el entrenador les pondrá buena cara. Son buena gente, que hacen lo que les mandan, que se acuestan cansados y molidos a golpes, pero también felices con su conciencia. Para ellos es el calcio.
Pero no es para esos otros que conciben el fútbol con una mirada más alta. Para los que el balón no es proyectil, sino un instrumento de juego, de engaño, de creación compartida con los compañeros. Para los que gustan de un entrenador que les dé libertad para pensar, para crear, para equivocarse, para hacer lo que saben. Para los que nacieron con un talento especial y sienten que es su obligación expresarlo, porque eso es lo que gusta a la gente. Para esos no está hecho el calcio, por más que los atraiga a fuerza de millones. Para esos es nuestra Liga. Y sobre todo, el Real Madrid.
