Me alegro por Óscar

Si Óscar Sevilla no padece ningún problema hepático, me alegro de corazón. El manchego es mi amigo y no le deseo ningún mal. Bastante sufrimiento ha tenido ya que soportar con su retirada en el Tour de Francia, donde había volcado todas sus ilusiones. En la primera jornada de descanso me dijo en una entrevista: "Atacaré hasta reventar la carrera o reventar yo mismo". A un ciclista con esa filosofía, sólo se le puede tener cariño y admiración.
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En definitiva, yo detesto más que nadie la polémica que se ha montado con su abandono. En AS dimos la primicia el pasado miércoles de que Sevilla se iba a retirar. Y se retiró. También dijimos que llevaba seis días enfermo. Y lo estaba. Son hechos. A Óscar (y dos fuentes lo han confirmado) le comunicaron que su mal podría deberse a un problema de drenaje del hígado y hasta recibió medicación. Y así lo contamos. Los resultados médicos no desmienten la noticia, sino ese diagnóstico. Por eso, no hay nada que justificar o rectificar.
Al contrario, nos alegramos por Sevilla. Quizá quienes no tengan la conciencia tan tranquila sean aquellos que, aprovechando el rebufo de AS, hicieron un adelantamiento por la derecha y especularon con un posible dopaje. En estas páginas nunca se habló de dopaje. Sólo se adelantó el adiós de uno de nuestros ciclistas más queridos.