Hoy entramos en los Pirineos
Llegan los Pirineos. Llega la montaña al Tour. Es el género favorito de este país de larga leyenda de guerrilleros, bandoleros generosos o no tanto, de echados al monte por una injusticia, un mal de amores o un mal paso. No es raro que éste sea nuestro género favorito en ciclismo. Nuestro primer héroe en el Tour fue Vicente Trueba, un cántabro al que apodaron la Pulga de Torrelavega por sus saltos en las etapas de montaña. Casi puede decirse que por él se supo en España lo que era esta prodigiosa carrera, inventada por Henry Desgrange hace ya cien años.
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Luego vinieron muchos otros, entre ellos Bahamontes, Julio Jiménez y el Tarangu Fuente, casi consecutivos. Hubo tantos años seguidos en los que el Gran Premio de la Montaña del Tour lo ganaba un español que la primera vez que no ocurrió eso me pareció como si nos hubieran quitado algo. Ahora vivimos otro ciclismo, en el que los especialistas puros apenas tienen sitio (Chava, te echamos de menos) y casi todos los corredores dominan todos los registros. Pero aún así aquí nos queda la convicción, real por otra parte, de que la montaña sigue siendo nuestro terreno.
Así que hoy que el Tour se pone montaraz nos sentamos ante la tele con una ilusión especial. Saiz tiene esta vez ante sí un Tour en el que redimir sus muchos fracasos anteriores, con Beloki para jugar al ataque e Igor para verlas venir. El Kelme es todo él una guerrilla de montaña desde que existe (bendita tradición), tiene a Sevilla piafando de impaciencia y a Botero ante la oportunidad de su vida. Banesto sobrevive en su decadencia con su dignidad en las alturas. O sea: todos contra Armstrong, con alianza previa o sin ella. Guste o no, la carrera será todos contra Armstrong.
