Van Gaal ha vuelto hecho una malva
Observo a Van Gaal y no le reconozco. Me confirma aquel dicho de que el éxito marcha a caballo y el fracaso vuelve a pie. Le recuerdo como señor de horca y cuchillo en el Barça, que acabó convirtiendo en un laboratorio de su locura. Convenció a Núñez para que le fichara el Ajax, pieza a pieza, de modo que lo que hizo no fue un buen Barça, sino un Ajax disfrazado. Por eso no le quisieron. Reacción al desafecto encerrándose en una torre con Núñez y con aquel infausto Domenec García, convencidos de que sólo ellos tenían la verdad, que el mundo estaba equivocado.
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De aquella torre terminaron arrojándose, en un llamativo ejercicio de suicidio compartido, retirando al Barça de la Copa con unos pretextos sin base, que nadie creyó. El caso es que Van Gaal hacía en el Barça lo que quería. Fichar, regañar a Jordi Pujol, secuestrar la propia esencia del club, liquidar a un presidente con más de veinte años en el cargo... Dejó dos ligas y un desastre final. Se fue a Holanda y allí no consiguió meter a esa lujosa selección en el Mundial. Quedó por detrás de Irlanda y Portugal, que ya ven lo que han dado de sí en la Copa del Mundo.
Así que ahora vuelve con las orejas gachas y traga con todo. Traga con Rivaldo, al que hace tiempo que quería echar. Traga con Riquelme, al que no quería ni en pintura. Tragará con Saviola, el capricho de Gaspart del verano pasado. Tragará con todo lo que haga falta, porque no es el mismo que se fue. Regresa con un fracaso serio a las espaldas, y tiene que agradecer en el fondo de su corazón que el Barça esté tan mal que haya tenido que recurrir a él. Porque tampoco el Barça que encuentra es el que encontró la primera vez que vino, sino algo radicalmente distinto.
