Las dudas de Camacho no tienen sentido
Sólo faltaría que después del chasco nos quedáramos sin seleccionador. Camacho ha vuelto muy de morros y no termina de explicar por qué. Tiene derecho a sentirse decepcionado ante la ocasión perdida, como todos. Pero había anunciado que seguiría a salvo de gran fracaso o de repudio popular al papel de la Selección y no ha habido tal cosa. España vuelve como quinta clasificada (en el anterior Mundial quedamos en el puesto número diecisiete) y aunque hay algunos recelos y críticas no deja de existir cierto consenso sobre un papel digno.
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Por eso extrañan las dudas. ¿Está enfadado con Villar por su pasividad ante los abusos arbitrales o por alguna otra razón? Si es así, debería decirlo y definirse cuanto antes. El fútbol es una correa sin fin en la que no hay tiempo para mimos y ñoñerías. Aún no ha acabado la fase de ascenso a Segunda, acaban de deshacer las maletas los internacionales y ya están empezando a incorporarse al trabajo algunos equipos. El Villarreal ya lo ha hecho. El Málaga vuelve el lunes. Otros lo harán muy pronto. Y la Selección tiene compromisos inmediatos importantes. Este tren nunca para.
Ya en agosto hay un amistoso contra Hungría, homenaje a Puskas. Y el 9 de septiembre nos espera Grecia, en fase de clasificación para la Eurocopa de Portugal. Hay que reinventar el centro de la defensa porque, más allá de discusiones, Hierro y Nadal han anunciado su honrosa retirada. Dejan un boquete tremendo que se presenta como la primera tarea del nuevo curso. Ahí están Juanito, César, García Calvo y otros más esperando su turno. No hay tiempo para mimos, lamentaciones, dimes o diretes. Camacho debe decidir cuanto antes si porra dentro o porra fuera.
