El trono vacío espera a Ronaldo
Siempre nos quedará Brasil. Desde que sigo el fútbol, la Copa del Mundo gira en torno a ellos. Se les espera más, se les pide más, se les reprocha más, se les quiere más, se les agradece más. La Copa del Mundo no se concebiría sin ellos, y de hecho cada vez que en una edición Brasil ha caído antes de la final todos hemos sentido un vacío irreemplazable. De nuevo están ahí, con su estilo inconfundible. Jugadores geniales, perezosos sólo en apariencia, toque corto y acelerado en los tramos finales, falsa indolencia en algunas fases del partido que parece hacerles batibles...
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Y con Ronaldo, al que todavía espera el trono, que presiento suyo y que nadie se atreve a ocupar. Después de Di Stéfano vino Pelé. Después de Pelé, Cruyff. Después de Cruyff, Maradona. Y después de Maradona nadie ha ocupado el trono. Ronaldo era el príncipe heredero, pero cuatro años de lesiones han ido aplazando su coronación. Ha estado desaparecido prácticamente de mundial a mundial. Ahora galopa, toca, cruza pases, aparece con y sin balón, desborda, remata y luce su sonrisa de siempre, a la que añade el complemento simétrico de su nuevo flequillo.
Y lleva seis goles. El último de puntera, lo que confirma que los genios no desdeñan ninguna posibilidad. Me lo dijo un día Di Stéfano: "Antes de darle de tacón hay que descoser la punta del zapato a punterazos". Yo veo a Brasil finalista y a Ronaldo con seis goles y rearmo mi fe en el fútbol. Este Mundial que algunos han pretendido utilizar para la poco atractiva causa de aupar al mandamás de la Hyundai a la presidencia de su país aún puede servir para otra cosa bien distinta: para colocar a Ronaldo en el trono que le está esperando desde que lo abandonó Maradona.
