Yo digo Alfredo Relaño

El brindis al sol de Ángel Villar

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Aterrizó la Selección en Barajas. Faltaba uno, Ángel Villar. Él sigue allí, en alguna suite cuyo precio por noche le resolvería a usted las vacaciones. Ha lavado su conciencia diciendo que abandona la Comisión de Arbitraje del Mundial. Tras ese gesto, tardío y estéril, deja explicaciones confusas, rumores en el aire, un sí es no es. Que si le gustaba o no que hubiera linieres de países exóticos, que si le molestó que expidieran a López Nieto en el primer paquete de inútiles, que si sí, que si no. Explicaciones a media voz, confusas, embrolladas. Como es todo su lenguaje.

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Pero sigue allí, como vicepresidente de esa FIFA que preside Blatter. Legitima con su presencia un modelo que se me hace repugnante y que aspiro a que no dure mucho porque permite sucesos como la irresistible ascensión del tal Chung Mong-Joon hacia la presidencia de su país a costa de la credibilidad de un espacio universal de ilusión, como es la Copa del Mundo. En esa mesa de egoístas desaprensivos come Villar, que se permite el cinismo de rechazar el postre. Un hiriente brindis al sol. Ante lo que está pasando no hay más actitud válida que separarse y denunciarlo.

Claro, que se puede hacer otra cosa. Se puede decir que Camacho es un borrico que mancha los sobacos de la camisa, que España es el nuevo Pupas, que Valerón para aquí o para allá, que Raúl pudo jugar y por qué tiró el penalti Joaquín. Me hubiera gustado discutir eso tras el España-Alemania que se debería jugar hoy. Pero no se juega porque Al Gandhour, cuya imagen de conchabeo con Hiddink será el icono infamante de este Mundial, nos birló dos goles. Y cuanto más nos olvidemos de eso, peor para todos. Menos para los tontos útiles, como Villar y cía.

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