No nos merecíamos esto
No nos merecíamos esto. Ni como españoles ni como aficionados al fútbol. España ha sido despojada de una legítima clasificación para semifinales. El fútbol está siendo despojado, con tenebrosa tenacidad, de la credibilidad de la Copa del Mundo. España marcó dos goles que no valieron, el primero no se sabe por qué, el segundo porque el linier ugandés, de brazo rápido en todos los ataques españoles, marcó un falso fuera de fondo del balón que conducía Joaquín. En todos los mundiales es difícil echar al equipo anfitrión, pero lo de Corea está siendo excesivo.
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Italia tenía razón. Panucci tenía razón. Los bienpensados estábamos equivocados. Corea infla sus velas con disciplina táctica y con su inagotable energía, pero también con eso que su portero ha llamado ayudas de Dios, y que no pasa de ser puro, simple y cutre caserismo arbitral. La FIFA ya estaba en la obligación de dar explicaciones antes de esto. Ahora lo está más. También Ángel Villar, vicepresidente de la FIFA y de la UEFA, vicepresidente también del comité de designación de árbitros de esta infamada Copa del Mundo. Basta ya de vivir siempre en el limbo.
Por lo demás, podemos volver con la satisfacción de la tarea bien hecha. Un equipo que llegó entre improvisaciones fue saliendo hacia adelante por voluntad de mejora y por espíritu ganador. En cinco partidos han jugado muchos, casi todos bien, y todos con un verdadero compromiso con el triunfo. España se vuelve porque el rival de los cuartos de final tenía las cartas marcadas. No es bonito decirlo, pero tampoco sería decente ocultarlo. Queda una semana de Mundial. Quedan equipos interesantes, pero me temo que nos han matado la ilusión, y no sólo porque ya no estemos.
