Suecia proclama el fin de la era Bielsa
Argentina cayó eliminada a la primera, 40 años después de Chile-62.

Al diente de la serpiente, cierra la muralla. Suecia consiguió clasificarse para los octavos de final del Mundial con una defensa que para sí quisieran los entrenadores más avaros del planeta. Argentina, la gran favorita en los pronósticos para conseguir el título, se estrelló contra la doble barrera de camisetas amarillas y ya es historia en la competición. Por primera vez en cuarenta años, desde Chile-62, la Selección albiceleste se vuelve a casa en la ronda inicial. Es el tercer campeón (con Francia y Uruguay) que sale catapultado en los prolegómenos. El fin de Marcelo Bielsa como responsable del equipo es un rumor a efectos burocráticos, pero un hecho en lo estrictamente futbolístico.
Porque Bielsa, un técnico obsesivo en el detalle, trabajador infatigable, apasionado de la táctica y la estrategia, ha fracasado cuando menos se lo esperaba. Fue ese excesivo respeto por la pizarra, la cuadrícula y el esquema lo que dotó a Argentina de un funcionamiento propio de un ingenio mecánico, pero a cambio le restó frescura, capacidad de improvisación, esa magia que siempre distinguió a sus jugadores.
La actitud del conjunto de Bielsa fue impecable: tomó el estandarte del ataque con decisión desde el primer instante y fue en busca de los suecos, arracimados en torno a Hedman. Cinco ocasiones de gol en el primer tiempo, con Aimar como generoso conductor, se quedaron en un simple uy, a veces por un rebote, otras porque faltó un centímetro para el remate, algunas por falta de puntería de Sorín, de Batistuta, del Piojo López.
El segundo tiempo trajo el gol sueco (con Cavallero muy lejos para llegar al tiro de Svensson), los nervios, los cambios (¿Bati no puede jugar junto a Crespo y sí puede hacerlo el insufrible Verón al lado de Aimar?), la mejor ocasión de Zanetti que Hedman paró felinamente y el penalti inventado por Ortega, que falló el lanzamiento y después remató Crespo para el 1-1 definitivo. Y el final. El adiós. El cierre de un ciclo para una generación de grandes futbolistas que no tendrán una nueva oportunidad.
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