Yo digo Juan M. Gozalo

El hechicero blanco

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Los japoneses importan futbolistas, y les importa poco, y exportan motos, coches, material electrónico, televisiones, vídeos, teléfonos y sentido del negocio. Eso sí que les importa mucho. Desde que el francés Troussier, otro trotamundos, se hizo cargo de los nipones después del Mundial de Francia de 1998, donde se limitaron a correr, han mejorado en disciplina táctica, fortaleza mental y un cierto orden, para contrarrestar su histórica ingenuidad. La liga japonesa nació en 1993 y el progreso es mayúsculo. El amor al fútbol de los japoneses es admirable. Cuentan con más de tres millones de futbolistas, de ellos 1.120 repartidos en 700 clubes. Japón es la selección más joven de las 32 de este mundial. Su caminar por el torneo es gratificante. Sus partidos son los que más espectadores albergan, tienen el récord con 66.000 en el Japón-Rusia, y la final será en su estadio de Yokohama. Los hombres de Troussier, el hechicero blanco, serán espectadores. Pero muy atentos y copiando. Se les da bien.

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