Yo digo Alfredo Relaño

Cañizares sería feliz en Japón

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Saltó Japón a la cancha y lo más llamativo fue el color del pelo de sus jugadores. Toda una exhibición de tonalidades que hubieran hecho feliz a un especialista en pintas de los toros de lidia. Vimos desde el jijón hasta el albahío, pasando por el retinto, el castaño, el colorado, el jabonero oscuro, el jabonero claro y el melocotón. Allí sería feliz Cañizares, cuya voz sería tenida en cuenta no sólo en materia de parar balones (de lo que también sabe mucho), sino en tonalidades capilares, materia que la selección de ese país otrora tan belicoso parece tener muy en cuenta.

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A mí no me entusiasmó. Me hubiera impresionado más una selección japonesa de tipos morenos y de aspecto duro, con la frente oculta tras una cincha blanca anudada en la nuca y en su frente el mondo círculo rojo de su bandera. Me los imagino haciéndose la foto de esa guisa, gritando ¡Banzai! o ¡Tora, Tora! y, francamente, creo que impondrían más. No dejo de agradecer esa variedad de tonalidades en el pelo, que a los occidentales nos ayuda a distinguirles a unos de otros, pero no puedo dejar de ver en eso un cierto signo de decadencia fashion que me decepciona.

Empataron a dos con Bélgica. Es poco. Así que de Japón me quedo con su tecnología de última generación (ese estadio que saca a orear su hierba es una maravilla) y pongo en solfa a su aburguesada selección. Al revés que me ocurre con Corea, donde las comunicaciones están siendo una calamidad que trae a mal traer a radios y televisiones (¡cuánto sufro por vosotros, amigos!) pero cuya selección, ajena a los botes de tintura, abrasó a un viejo clásico como es Polonia. Tecnológicamente me quito el sombrero ante Japón, pero como equipo de fútbol me fío más de Corea.

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