Yo digo Alfredo Relaño

Algunas cosas son siempre iguales

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

El mundo cambia y el fútbol con él. Ahora resulta posible que un portero se lesione gravemente con un frasco de colonia, que una colonia gane a la metrópoli, que la metrópoli del mundo sea atacada con sus propios aviones, que cada selección tenga su propio avión para cambiar de ciudad, que en cada ciudad haya levas de ciudadanos dispuestos a exhibir alegremente la bandera que les pida la autoridad, que la autoridad de la FIFA sea cuestionada desde dentro sin que pase nada (y si pasa, se le saluda) y hasta que nosotros ganemos el primer partido del Mundial...

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Pero hay algunas cosas que siguen siendo como eran. Por ejemplo, Alemania. Más altos, más fuertes, más saludables, más potentes. Crujieron a los árabes como sólo unos alemanes pueden hacerlo. Ocho centímetros más de media en la estatura, ocho goles de diferencia. Otrosí: un Mundial no empieza en serio hasta que no comparece Italia. Con ella aparece el rictus serio de una selección que avisa siempre que esto va de veras. Que esto es competición. Como con Brasil aparecen las garotas, los mulatos, las camisetas auriverdes, la alegría y un puntito de polémica arbitral.

Y más cosas que se ven en todos los mundiales. Los árbitros siempre se equivocan de la manera que más conviene a la organización. Son árbitros buenos. No se equivocan a tontas y a locas, no. Si se equivocan es para que ocurra lo que más conviene al negocio: por ejemplo, que gane Brasil a Turquía. Por una causa así merece la pena pitar un penalti fuera del área. Ya lo dijo Zamorano en Italia-90, después del Italia-Chile: "Hay penaltis que sólo se conceden a equipos que han ganado tres copas del mundo". Y hay algunos que sólo se conceden a quien haya ganado cuatro copas: Brasil.

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