Catenaccio
Suráfrica empata de penalti en el minuto 91 ante el equipo más defensivo en la historia reciente de los Mundiales
Era Paraguay, pero perfectamente podía ser la Italia de los años 70. El equipo más defensivo que se recuerda en la historia reciente de los Mundiales tuvo la victoria en su mano, pero se le fue en el último suspiro. Justo castigo a su fútbol.
Me imagino que debe de ser difícil cambiar cuando uno ha cumplido ya los 70 años y ha estado haciendo lo mismo durante toda la vida. Maldini no ha conocido otro fútbol que el del catenaccio y ése es el fútbol que practica ahora Paraguay. El italiano no se ruborizó lo más mínimo al colocar a ocho jugadores por detrás del balón y dejar únicamente por delante a Campos y a Santa Cruz. Catenaccio y contragolpe, ésa es la receta de Maldini. Y ante un equipo como Suráfrica, que juega al ataque, la receta suele dar resultado.
Con tres centrales y cinco medios de corte defensivo, la táctica es evidente: pelotazo desde atrás y esperar que Santa Cruz esté inspirado. Así se vio ya en el primer minuto, cuando un envío largo de Arce dejó solo al jugador del Bayern frente a Arendse, que lo derribó sin que el árbitro se atreviera a pitar el penalti. Pero el problema de Santa Cruz es grave: no tiene gol. Para que acierte tiene que fallar antes cinco veces.
Cuando falla el Plan A, se encomienda uno al Plan B, es decir, a las jugadas a balón parado. Antes del descanso, Arce sacó una falta y San Cruz, harto de fallar goles, puso la cabeza y acertó. Con el marcador a su favor, Paraguay iba a desarrollar más cómodamente las órdenes de Maldini: defensa a ultranza y pelotazo. Y a esperar otro acierto de Santa Cruz, que es como confiar en que te toque la Primitiva dos semanas seguidas.
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Claro, que si no llega el nuevo acierto de Santa Cruz, siempre es posible volver a recurrir al Plan B y aunque no estaba Chilavert sobre el campo, estaba Arce, que viene a ser lo mismo pero sin exhibicionismo globero. Arce le puso la pelota a Santa Cruz en el primer gol y marcó el segundo.
Parecía que todo estaba acabado, pero Suráfrica se volcó a la desesperada al ataque, con infinidad de ocasiones. Pero entre lo inocentes que son los surafricanos y la experiencia de Gamarra, no había nada que hacer. Sin embargo, el Dios del fútbol decidió echarles una manita. Primero marcó Struway en propia puerta y luego, en la prolongación, lo hizo Fortune al transformar un penalti de Tavarelli a Zuma. Suráfrica sólo podía marcar así, pero en esta ocasión se hizo justicia.