Yo digo Alfredo Relaño

Hierro desactiva la bomba que cebó Carcelén

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Se descubrió el pastel. El sicodrama de Camacho tiene su raíz en el vicio murmurador de Carcelén, que le enredó con un supuesto demasiado cogido por los pelos. Si ustedes siguen El Larguero conocerán el asunto. Si no, se lo explicamos aquí, en la página cuatro. El caso es que con muy poquito Carcelén le calentó la cabeza a Camacho, le confundió y provocó que se exaltara y se pusiera en evidencia hasta el extremo que ya conocen. Menos mal que ayer salió Hierro y actuó como un capitán sensato: desactivando el problema que otros habían creado.

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Claro, que hay muchas diferencias entre Hierro y Carcelén. La principal es que Hierro es de los que se tienen que poner en el centro del ruedo, con la muleta en la izquierda y pasarse el toro cerca, mientras que Carcelén no pasa de ser de los que se quedan en el burladero del callejón. Carcelén tiene una de las profesiones envidiables del mundo: segundo entrenador. Y en su mejor versión: segundo de un seleccionador, con lo cual la presunta actividad se reduce a cuatro o cinco días al mes. El resto del tiempo no hace falta ni ir al trabajo a hacer el vago. Puede hacer el vago en casa.

Debería agradecer ese privilegio siendo discreto y haciendo bien lo poquísimo que hay que hacer en esa función: ser paño, consuelo y sedante del número uno, que bastante tiene ante sí como para que el segundo le venga con chismes y majaderías. Pero ni para eso vale este Carcelén, que al final ha resultado ser la única aportación duradera que quedó en nuestro fútbol del fugaz paso de Benito Floro que, desde luego, valía mucho más que este segundo metijón y chivatija. Más valdría que Camacho le enviara por ahí, a ver partidos y entrenamientos lo más lejos posible.

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