El inquietante Congreso de la FIFA
Empieza el congreso de la FIFA y es para echarse a temblar. Cuatro vicepresidentes insisten hasta la misma víspera en importantes acusaciones a Blatter, que sufre una contestación interna tremenda. El propio Blatter tuvo que escuchar hace poco, en el mismísimo Comité Ejecutivo, cómo su secretario general, Zen Ruffinen, abría la sesión leyendo veinte folios de acusaciones contra él. Algo así como si en la asamblea de la Federación Gerardo González leyera veinte folios de acusaciones contra Villar, o como si en la del Madrid lo hiciera Valdano contra Florentino.
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Los acusadores hablan de un déficit de 63.000 millones de pesetas. ¿Puede ser? Quizá. La FIFA se ha ido contaminando cada vez más de amistades peligrosas e interesadas. En esas alturas se mueven muchos aventureros de fortuna, gente que se corrompe alegremente unos a otros, pasándose comisiones tremendas por tareas reales o ficticias. Así pasa (como pasó hace poco) que una empresa peta y se esfuma el Mundial de Clubes de la noche a la mañana, o que una firma menor adquiere los derechos de colocar las entradas del Mundial y organiza un desastre.
Lo grave no es si Blatter sigue o no, que si tuviera vergüenza torera ya debería haberlo dejado, puesto que le repudian tantos de los suyos. Lo grave es que la FIFA se emponzoñe hasta el grado en que lo está haciendo. Y, a todo esto, merecemos una explicación (que hemos pedido) de Ángel Villar. Él insiste en que votará a Blatter. Correcto. Pero no acepta preguntas sobre cuál es la veracidad de las acusaciones de tanto calado que le dirigen colaboradores tan próximos. A Villar le va fenomenalmente bien fingiendo que vive en el limbo, pero esto ya pasa de castaño oscuro.
