Yo digo Alfredo Relaño

Tampoco es para ponerse así, hombre

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Camacho en estado puro. Como los maestros en las grandes tardes, gritó a los suyos aquello de "dejaime solo", dio día libre a todos y se encerró con la prensa dispuesto a meterla en el engaño o a salir con los pies por delante. Primero fue la bronca, luego la visita protocolaria al hotel y finalmente la charla táctica. O sea: paró, templó y mandó, como mandan las tauromaquias. Descubrimos varias cosas que ya sabíamos (por ejemplo, que no sabemos de fútbol, y algunos, ni de toros, o que los jugadores están cansados) y una que no sabíamos: que sí, que hay un plan y un equipo.

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Muy bien. Hablando se entiende la gente. Si Camacho hubiera contado con tanta claridad otras cosas, como por ejemplo lo que hay entre Lorenzana y Raúl, o por qué no está Molina en la lista, o cuál es la razón por la que el seleccionador de fútbol sala ha desplazado a Iñaki Sáez y a Santisteban, o qué hace un masajista con la prensa, mejor andaría todo. Su firmeza argumental, su lenguaje a la pata la llana, es ideal para despejar equívocos. Pero en algo tiene una visión desenfocada. Los periodistas no han ido allí a joder. Si acaso, alguno a cortarse el pelo, no digo yo que no.

Y claro que queremos vender. Como los que fabrican coches, regentan restaurantes o producen películas de cine. Pero lo que hace vender a la prensa deportiva son las buenas noticias. Alguien dijo que las primeras páginas de los periódicos suelen mostrar los fracasos de los hombres. Que para leer sus éxitos hay que acudir a las páginas deportivas. (O a los periódicos deportivos, cabría añadir). Que España juegue bien, que España gane, que España no sea un cortijo, que España llegue lejos. Eso es lo que queremos los periodistas deportivos. Por devoción y para vender más.

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