La sombra de Lance

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La primera vez que me fijé en Tyler Hamilton fue en la contrarreloj de Correze del Tour de Francia de 1998. El americano acabó segundo. Pero ese mismo día ganó Jan Ullrich y los ciclistas del Festina no habían tomado la salida porque fueron expulsados por el famoso caso de dopaje. Así que Tyler se llevó pocas atenciones. Pese a todo, quise saber algo de él. Miré su palmarés y vi que sólo tenía triunfos secundarios en Estados Unidos y que ya había corrido la ronda francesa el año anterior sin pena ni gloria. Pero a mí me dio buena espina. Una temporada después, Hamilton tuvo más protagonismo que nunca. Pero no por sus resultados, sino por las exhibiciones que dio en los Alpes y los Pirineos trabajando para el renacido Lance Armstrong.
Hamilton crecía bajo la larga sombra de Armstrong. Tuvo sus días de gloria ganando dos etapas (una en el Mont Ventoux) y la general del Dauphiné Liberé 2000. Pero en el Tour, otra vez a currar. Tyler comenzó a pensar que no quería seguir siendo cola de león. El fichaje de Roberto Heras por el US Postal, cobrando bastante más que él, terminó por convencerle. Y buscó su cabeza de ratón en el CSC-Tiscali, donde comparte galones con Laurent Jalabert y Carlos Sastre. En este Giro, Tyler es el jefe. Y, desde ayer, algo más que un sólido favorito.