Confiemos en el milagro ecológico
Esto no tiene buena pinta. Ni contra el arrejuntado de currantes de la Hyundai ni contra el equipo más serio de ayer, que también era de la Hyundai, pero éste formado por futbolistas de verdad, la selección ha dado buena pinta. Será el jet lag, será el tono amistoso de los partidos, pero a mí me recuerda el equipo desactivado, sin electricidad, que vimos en los amistosos camino de la Eurocopa. Y que seguimos viendo allí cuando empezó lo serio. Hasta ahora, lo único que nos puede consolar es la joya del gol de Tristán, culminación brillante de un perfecto contraataque.
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Y Camacho con dudas, manejando varios modelos. Arguye pretextos tácticos, pero a mí me suena que camufla la verdad. La verdad es que tenemos dos magníficos jugadores que necesitan protección especial. Uno es Hierro, al que pesan los años y necesita gente al lado o que el equipo se eche muy atrás. El otro es Valerón, que juega como los ángeles, pero que cubre poco campo, quita poco y se cansa pronto. Y los dos son tan buenos que son necesarios. Remendar estos dos descosidos del equipo titular sin poner más de once jugadores es difícil.
Así que Camacho improvisa la teoría de que el mejor ataque es una buena defensa, justo el revés del axioma más valiente y certero del fútbol. Y hay en todo una falta de convicción que se acusa en el juego, a una semana justo del comienzo, sin más ensayos a la vista. Pocos motivos para el optimismo. Claro, que el buen fútbol es una especie de milagro ecológico que lo mismo aparece en zonas donde se dan las condiciones propicias que surge por generación espontánea, porque sí, como el vergel de Etosha en el desierto de Namibia. Confiemos en esto último.
