Yo digo Alfredo Relaño

El alcalde se embolica con lo de Cibeles

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Ha dicho Álvarez del Manzano algo así como que será mejor trasladar la fuente de Cibeles a Barcelona, porque allí no hay celebraciones y así no la pisarán. Inmediatamente aclaró que era un chiste. No hacía falta, señor alcalde, pero gracias. En Barcelona no hará maldita la gracia y puede dar lugar a cualquier andanada de vuelta. Y en Madrid no hace más que mantener en el retortero una cuestión baladí que adquiere más importancia y tiene más probabilidades de prolongarse en el tiempo cuanto más se embolique Álvarez del Manzano con la cuestión.

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Son ganas de escupir a barlovento. Esto de Cibeles empezó cuando El Buitre vacunó cuatro veces a Dinamarca en Querétaro. Era una noche de verano y las terrazas de la Castellana estaban llenas. De forma espontánea se produjo un chapuzón multitudinario en Cibeles, al grito de "¡Se siente, se siente, El Buitre presidente!". Desde entonces, cada vez que el Madrid gana algo se concentra allí la afición. Un día la barbarie mostrenca hizo que la fiesta acabara con la amputación de un brazo de la diosa. ¿Qué hacer? Se adoptó una solución a mi juicio prudente: bloquear la fuente, que suban los jugadores y que la afición aplauda desde fuera. No es mala solución.

Pero el alcalde ha cogido la perra de que sólo suba uno, y no veinte, y en esas sigue. Con ello no hace sino plantear el debate en términos infantiles y, de paso, crear comparaciones odiosas con el Atlético, a cuyo goleador, Diego Alonso, cascó la Policía Municipal por pretender subirse a Neptuno el día del ascenso. Mejor sería que dedicara menos tiempo a debatir sobre esto y más a las verdaderas urgencias que tiene esta inhabitable ciudad.

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