Ahora le toca el turno a Valdano
Bien está lo que bien acaba. La Novena vale por un Centenario y hace olvidar las decepciones de la Copa y de la Liga. La de la Copa fue breve pero intensísima. El Depor fue mejor y el día tan especial hizo muy sensible la derrota. La de la Liga ha sido más amortiguada, pero tan larga que la decepción es profunda y deja cierta herida. Existe la sensación, que al club no le gusta que se comente, de que el equipo tiró la Liga demasiado pronto. Casi desde el arranque, o poco menos. Diez derrotas en 19 salidas son demasiado. Huele a dimisión de responsabilidades fuera de casa.
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Hay paliativos. La fecha de la final de Copa obligó al Madrid a imponerse este título como una tercera obligación. Más partidos que nunca (los nueve jugados en enero dejaron al equipo lastrado para los restos) y más compromiso por el Centenario que nunca. Pero es que encima no había plantilla para eso. Tras un equipo titular deslumbrante se esconde un grupo de suplentes acomodados, que llevan dos años sin resolver ningún problema, salvo el caso de Solari, honrosísima excepción a este hecho. Cada titular del equipo no ha tenido detrás a nadie.
Eso se puede disimular en declaraciones (Del Bosque y Valdano lo han hecho y están en su obligación de hacerlo) pero no tiene vuelta de hoja. Esa plantilla hay que refrescarla con bajas numerosas, con algunas altas y con jugadores del B, que este año han participado poco porque encima los suplentes se enfurruñan si se les llama. La tarea es difícil, pero para hacer cosas difíciles está la gente valiosa. No para decir que hacerlo es difícil. Y es urgente, porque el equipo debe ser capaz de luchar por la Champions y por la Liga, no sea que resucite el fantasma de los Ferraris.
