Zidane: arte y magia marcando un gol
Mi padre me ha dicho siempre que el mejor jugador de fútbol era Pelé, y mi abuelo que era Di Stéfano. Y claro que lo fueron. No obstante, yo no viví esa época y lo único que puedo decir es que ahora el mejor futbolista del mundo es Zidane, ése que parece tener belcro en las botas porque lleva pegado el balón a sus pies y, en vez de tocarlo, lo acaricia. Es una delicia verle jugar y una maravilla ver cómo marca los goles. Porque no son goles cualquiera: él consigue lo más difícil.
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Por eso mando este escrito, para darle las gracias por hacer posible (junto con los demás jugadores, especialmente Raúl, Roberto, César y Casillas) el sueño de la Novena. Gracias por deleitarnos con el gol de la final de Glasgow (a cualquiera de los mortales ese disparo se nos hubiera ido al quinto anfiteatro): echaste el cuerpo hacia adelante, levantaste la pierna lo necesario y colocaste el tobillo en la angulación perfecta. Y nos hiciste vibrar, saltar, gritar, llorar...
¡Gracias, Zizou! Y no olvides que el año que viene nos vemos en la Décima. Ojalá puedas leer esta carta, pues eso me haría ser la aficionada más feliz del mundo.