Yo digo Alfredo Relaño

La Novena y la revancha de Casillas

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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La mejor chulería que le escuché a Ramón Mendoza fue en vísperas de la final que el Barcelona disputó contra el Steaua rumano en Sevilla: "Me gustaría que el Barça ganara esta Copa de Europa, para que supiera lo importante que es llegar a tener seis". El Barça no consiguió entonces ganar aquella Copa de Europa, aunque sí conquistaría una unos años después. Mientras, el Real Madrid ha elevado ya su cuenta a nueve, lo que lleva su récord más allá de los mejores sueños de Mendoza. Eso queda ahí, para ejemplo y envidia de todo el fútbol europeo.

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Pero dicho esto, y aunque esta copa valga tanto como las ocho anteriores, incluidas las cinco que Gaspart no reconoce, también es cierto que la final de anoche no añadió más gloria a la historia del Madrid que la puramente estadística. Ha ganado una Copa importantísima, en una temporada crucial, y ante rivales dificilísimos. Hay que saludar ese mérito. Lo ha hecho traicionando su estilo. Ya en Múnich jugó cerrado, a esperar. Lo hizo contra el Barça. Y lo mismo anoche ante el Bayer, al que dejó el peso del partido. Puede ser una actitud reconocida inteligente, pero no es heroica.

En el escenario de aquel tan recordado 7-3 de hace 42 años, el Madrid ganó de una manera distinta. Pero ganó. Zidane entró en el santoral con un gol que habrá que enmarcar en oro junto a los mejores de la historia del club. Raúl renovó su condición de talismán de la casa. Roberto Carlos dio los dos goles que le sirven para ganar su tercera Copa. Y Casillas confirmó aquello de que el fútbol siempre ofrece revancha a los que la merecen. El rey de España lo vio desde el palco. El Madrid siempre está ahí. Pero no basta con ganar: tiene que recuperar su estilo.

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