Yo digo Alfredo Relaño

Traca final con mil colores

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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El fútbol es un universo en sí mismo, capaz de contener todas las sensaciones, todas las emociones. En noches así se pone de manifiesto. Desde la alegría desbordante y merecida de Valencia, donde la copa le fue entregada al mejor, hasta el cruel sarcasmo con que el público de La Romareda trató a los suyos, pasando por la pena profunda de Las Palmas, cuya derrota nos deja sin equipos canarios en Primera División, porque el Tenerife le acompaña, en medio de un apagón descomunal en ese triste viaje hasta Segunda.

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Una noche para valorar una vez más la humildad, encarnada en el Rayo, cuya remontada espectacular le ha llevado a acabar en una posición desahogadísima. Una noche para meditar sobre la tenaz presencia en nuestras vidas del 'hecho diferencial vasco', que siempre da lugar a fijos en la quiniela en este tipo de jornadas. Una noche para comprobar de nuevo que el millonarísimo Barça es incapaz de nada, ni siquiera de concederse el leve premio de empatar a puntos con el desastroso Real Madrid de estas fechas.

También para abrazar la resurrección del Mallorca, que pasó las de Caín porque el balón no le entraba en la primera parte. Para aplaudir la solidaridad de Tamudo con su entrenador. Para aplaudir a Palop, que cumplió con su parte en la fiesta. Para despedir a Cota, Lopetegui, Angloma, Eusebio, Loren y Kiko, entre otros viejos luchadores que se van de nuestra vista, pero no de nuestra memoria. Pero una noche, sobre todo, para felicitar al campeón, el mejor de todos, el Valencia, que levanta feliz y orgulloso un bella copa.

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