Collina: vedette fuera, árbitro dentro
Un par de veces he criticado en esta columna la inclinación al vedettismo de Collina. Una, por su imprudencia por ir a entrenar al mismo lugar y a la misma hora que el Madrid, en la víspera de un partido europeo que él mismo tenía que arbitrar. Otra, por rodar un spot de Adidas con Zidane y Raúl, con los que se mostró en franca camaradería y dio lugar a fotos que ahora han salido a relucir. Tras el segundo artículo me llamó. Hablamos por teléfono durante media hora. Discrepamos correctamente. Yo le razoné mis argumentos y él me los refutó.
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Recuerdo que le dije: "Si la UEFA le designa para una semifinal Madrid-Barça esas fotos saldrán a relucir por todos lados y usted se verá condicionado para arbitrar". Bueno, pues la UEFA le designó, las fotos salieron a relucir pero eso a él no le condicionó. Es evidente que se trata de un árbitro superior, que ama y respeta el juego y que gracias a ello goza de una consideración de los jugadores que permite que su tarea sea aún más fácil. Pero esa es una ventaja que se gana él con su actitud, con su naturalidad, con su flexibilidad bien entendida. Con su respeto al juego y a los jugadores.
Y como, decía al principio, he criticado aquí su tendencia al vedettismo, me parece justo y necesario reconocerle en este mismo espacio editorial su condición de gran árbitro. Fuera del campo hace cosas que no me gusta que haga un árbitro. Pero dentro no busca protagonismo, no piensa (como tantos otros aquí y en otros sitios) que la gente paga por verle a él y no a los jugadores, no avasalla, no interrumpe, no molesta. Deja que el fútbol fluya y si se le nota por algo es por su monda cabeza, no porque haga nada raro, inconveniente o irritante. Ver arbitrar así es un gusto.
