Yo digo Alfredo Relaño

Este Valencia es un vendaval

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Con un gol de penalti en contra, con diez desde la media hora de juego, con Angulo como lateral derecho improvisado, con Mista como último parche para el puesto de nueve del que nadie ha conseguido apropiarse... Así ganó el Valencia anoche al Espanyol y, de paso, la Liga, de la que el Madrid dimitía estrepitosamente a la misma hora en Anoeta. Pero hubiera sido lo mismo caso de salir el Madrid mejor librado de allí. Porque este Valencia es un vendaval al que ahora mismo no hay quien pare. A sus rivales sólo les queda resignarse y aplaudir. Y pensar en otras cosas.

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Esta es una Liga que habrá que recordar siempre por el tremendo poder de reacción de un club que en verano sufrió una crisis institucional tremenda. Dos finales de Champions consecutivas perdidas, el puesto para la siguiente edición de la Champions perdido en el último minuto de la Liga por un tijeretazo de Rivaldo, la marcha de Cúper, la de Mendieta, la del presidente Pedro Cortés... Lo que ha seguido a toda aquella crisis ha sido una refundación, obra de Jaime Ortí, al que el madridismo ya detesta tanto como a Gaspart pero le teme mucho más. Por algo será.

Un gran Valencia, sí. Un poderío físico y táctico superiores, un gran caudal técnico y una cohesión interior tremenda. Y un héroe, Baraja, que ha oscurecido el recuerdo de Mendieta y que por su grandiosa temporada merecía ese premio que ayer le dedicó el destino al elegirle para marcar los dos goles en la noche decisiva. No fue el alirón, que queda para Málaga, o quizá para el último día, ante el Betis. Pero fueron los dos goles que le dan a su equipo la ventaja definitiva sobre un Madrid que en Anoeta se quedó lejísimos de sus mínimos exigibles. Pero esa es otra historia.

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