Un grande que vuelve entre los grandes
Con permiso del Nástic (que ya le dio un atragantón al Madrid en la Copa, por cierto) el Atlético tiene marcada en rojo la fecha de hoy en el calendario. Día 27 de abril, Nuestra Señora de Montserrat en el santoral. Justo 99 años y dos días después de su fundación. Para hoy tiene programado el Atlético su regreso a la Primera División, de la que falta desde hace dos temporadas después de haberse mantenido durante sesenta ininterrumpidas en ella. Una suma de despistes y de conflictos judiciales le hicieron perder el sitio entre los grandes.
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Pero ahora lo recupera. Será hoy (yo supongo que sí) o dentro de una semana. Pero el ascenso es un hecho. El infierno se queda en purgatorio y de esa travesía el alma rojiblanca sale pura y fortalecida, como no podía ser menos. El alma rojiblanca es su afición, de la que hay que decir que en estos dos años ha dado una muestra de lealtad conmovedora. Ni el año pasado, cuando en la primera vuelta el equipo jugaba en la segunda mitad de la tabla, ni durante el largo bache en ésta, que acabó hace poco, la afición ha dudado. Siempre el campo lleno. Siempre cánticos.
Eso es un club por encima de avatares, de jugadores, de entrenadores, de presidentes y de propietarios. Un club es un depósito de afecto, un sentimiento tan fácil de expresar como difícil de explicar que hace gozar, sentir, emocionarse, mucho más que la mayoría de las cosas que nos rodean y que parecen más importantes, sin serlo. Un sentimiento irrenunciable. Se puede cambiar de cónyuge, de partido político y hasta de nacionalidad, pero no se puede cambiar de equipo. Y mucho menos si ese equipo es el Atlético, un grande que hoy vuelve entre los grandes.
