El Madrid paga la hipoteca del Centenario
El Madrid paga una hipoteca por el Centenario. Todos sus adversarios han tirado con facilidad de un argumento de fácil consumo: como es el Centenario, al Madrid le van a regalar todo. Bueno, pues llegamos a mediados de abril y al Madrid no le han regalado tantas cosas. En la Copa no se amañó el sorteo, como maliciosamente presumió Irureta, para que al Madrid le cayera el Figueres en semifinales. El Figueres le cayó al Depor. Al Madrid le cayó el Athletic. Y tampoco estaba amañada la final, como vimos. Mucho Rey en el palco, mucho Día D, pero ganó el Depor.
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Y el Madrid sigue. Ha pedaleado en la Champions, donde tiene ahora ante sí la semifinal ante el Barça, que ha tirado la toalla en la Liga, como la tiró en la Copa antes. Y en Liga marcha contra marea, recibido a palos en muchos campos y con la obligación de sobreponerse. Si el árbitro protege el fútbol (encarnado en las espinillas de Zidane, Raúl o Figo), es que es cómplice del Centenario. Si no lo protege, el Madrid sufre golpes, goles, se desquicia, acaba pegando y pierde, además del partido, el derecho a quejarse. Lo mismo que en Pamplona le pasó en otros sitios antes.
El Madrid no se queja y hace bien. Es su estilo. Pero este es buen sitio para reflexionar sobre el asunto. El dominio del Madrid no se combate desde el juicio temerario o la intimidación por patadas. Así lo que se combate es el fútbol. Su dominio se combate desde el fútbol bien hecho, como hizo el Depor en la final de Copa. En un día como aquél, la realidad desnudó la mezquindad de todo el victimismo previo. Ahora que ante el fin de la Liga Valencia y Depor dependen de sí mismos y el Madrid depende de ellos, es buen momento para recordar que eso es así. Que manda el fútbol.
