Maurice, ya tenemos el problema
Señor Maurice Greene, señor John Smith, señora Marion Jones, ex Hunter y señor Comité Olímpico Internacional (CIO), aquí está el problema. Si el Comité Olímpico de Estados Unidos (USOC), azuzado por la presidencia del CIO (Jacques Rogge) retira su confianza a la Asociación de Atletismo de Estados Unidos (USATF), por no dar el presunto nombre del presunto gran atleta dopado que fue a competir a los Juegos de Sydney, las consecuencias a las que todos se enfrentan pueden ser devastadoras: de invierno nuclear, vamos. Tanto si canta la USATF, como si no lo hace.
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En Estados Unidos, todo deporte o asunto que se relacione con el dopaje, sufre un bestial bajón comercial y de business. El problemilla de C. J. Hunter, ex marido de Marion Jones, y sus dosis millonarias de nandrolona le han costado a la Reina Marion no sólo el divorcio, sino una ruina en anuncios y sponsors. Marion tuvo problemas incluso con Nike. Pero Rogge fue pesado en Salt Lake City, para que los americanos diesen el nombre maldito, cuyas posibilidades de error son del 50%: o Maurice Greene, o Marion Jones. Y Rogge está jugando con bombas de neutrones. El atletismo ya no vende nada en EE UU. Y... "si damos ése nombre, ustedes me dirán qué hacemos con este deporte", dijo a Rogge el consejero delegado de la USATF, Craig Masback, tocado y hundido. "Usted dice que la guerra se puede ganar aún. Dígame cómo, Mein Führer", preguntó el mariscal Erwin Rommel a Adolfo Hitler cuando los aliados galopaban por Normandía, en 1944.
Meses después de esa frase, Rommel tuvo que suicidarse. ¿Y Masback...?
