El Barça lo ha puesto muy caro
¡Qué partido! Un Panathinaikos que se adelanta nada más empezar, aprovechando el despiste inicial del Barça, y luego se atrinchera. Un Barça que va al ataque, a subir una y otra vez la montaña, consciente de su poder, de su historia, de la desesperada necesidad de salvar esta eliminatoria. Unos goles que van llegando, poco a poco, entre el delirio de la grada. Un arreón final del Panathinaikos, que sacó fuerzas de no sé sabe dónde para tener el partido vivo hasta el final. Un partido en el que todos jugaron como si con el pitido final se acabara el mundo.
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Es la Copa de Europa al estilo clásico. La Copa de Europa anterior a esas liguillas que dan dinero pero regatean la emoción. El fútbol en toda su grandeza, como espectáculo favorito de la vieja Europa. Y un grande, el Barça, que lleva todo el año penando pero que ahora recupera heridos, sosiega discrepancias y encuentra en esta competición el objetivo necesario para cuajar en un buen equipo. Ya lo va siendo. Y aún tiene que curarse del todo Rivaldo. Y mejorará Abelardo. Y Luis Enrique y Saviola están como motos. Y el equipo está por aparecer de un día para otro.
Ahora le toca al Madrid, contra el más odioso de sus adversarios. Las visitas del Bayern al Bernabéu están plagadas de incidentes desagradables. Y muchas de ellas han resultado un fracaso para el Madrid. Esta vez el desafío es mayor que nunca. Un peldaño más allá está el Barça, con el que el Madrid no se mide en Copa de Europa desde el lejano noviembre de 1960, cuando los célebres Míster Ellis y Míster Leafe hicieron más que el propio equipo culé por acabar con su imparable carrera de títulos. Desde entonces el Madrid espera una revancha. Tiene que ser ahora.
