Ganamos un gran central
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Helguera tiene dos caras. La del chico tímido, modernete y afable que luce de paisano y la de jugador de casta y clase que exhibe en cada partido. Pocas veces me he cruzado en los últimos años con alguien que encaje tan bien las críticas. A él le plantas un cero y no deja de saludarte. Todo lo contrario. Si el vuelo en avión dura doce horas, puedes estar un par de ellas hablando en la cola de la nave de lo divino y de lo humano. La inteligencia que demuestra en el campo la saca a pasear también en la entrevista que tienen ante ustedes. Es cierto, hoy hay que salir picados, no olvidar los agravios de los alemanes y, además, jugar al fútbol mejor que ellos. Por ahí llegará el triunfo.
Pero la eliminatoria del Bayern da para más. Estamos, posiblemente, ante uno de los grandes cambios del Madrid para los próximos años. Por fin Helguera jugará donde todos, menos él por entendible egoísmo, creemos que debe jugar. Su técnica, su sentido de anticipación, su envergadura, su pasmosa tranquilidad, invitan a disfrutar de un gran central durante muchos años. Perderíamos un notable centrocampista para ganar un defensa de los que no hay ahora mismo en el panorama mundial. Es más, desde esa nueva posición habrá que seguirle permitiendo alguna alegría en ataque, para que siga siendo él, para que no saque el lado mohíno que aparenta.
