¿Qué se puede hacer con un tipo así?
Al fin, trece días tarde, apareció el trastornado que enviaba bengalas a la grada de los sevillistas en el último derby disputado en el Ruiz de Lopera. De las muchísimas imágenes que el mundo del fútbol ha dejado en mi memoria, esta es una de las más chocantes. Esa fría y eficiente tenacidad de soldado profesional con la que recargaba su artilugio y enviaba cohetes al anfiteatro superior componía una escena propia de un telediario. De, pongamos por caso, uno de tantos asaltos israelíes a Ramala. Pero, ¿qué pintaba eso en un partido de fútbol?
Noticias relacionadas
Aún me estremezco. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo pudo durar tanto? ¿Qué pensaban los espectadores más cercanos? ¿Por qué no intervenían? ¿Era complicidad, cobardía, frivolidad, despiste? Si no llega a estar allí Canal +, que ofreció las imágenes el lunes, ¿se hubiera llegado a detectar esto o no? ¿No habíamos quedado en que hay cámaras en todos los estadios con el propósito de prevenir estas cosas? ¿Las hay? ¿Quién se encarga de cuidarlas, quién las mira, quién registra todo lo que graban? ¿Estamos ante una gran complicidad o ante un gran descuido?
Al fin apareció el tipo. Tarde, porque las imágenes eran suficientes para que se le hubiera identificado antes. Y ahora me viene otra pregunta. ¿Qué se puede hacer con él? ¿Cómo hablarle, cómo explicarle, cómo razonarle? Asuntos así nos dejan aturdidos, pero también producen algunas certezas. Una, que el fútbol abandona las cautelas con mucha facilidad entre desastre y desastre. Y otra, que los clubes son demasiado tolerantes con sus vándalos. Y se equivocan. Los vándalos son malos para todos. También para quienes les protegen.
