Con el Rayo todo el mundo se atreve

Una gran jornada nos dejó un mal sabor de boca final por el despojo de un legítimo gol al Rayo. Fue un bonito partido, jugado lealmente, cara a cara, entre dos equipos populares y queridos. Dos equipos que luchan por mejorar su estatus natural. El Betis quiere escapar de la zona media de la clasificación en la que tanto tiempo le hemos visto vivir para convertirse definitivamente en Eurobetis. El Rayo defiende con uñas y dientes su sitio entre los grandes. Fue un partido bello, emocionante, de ida y vuelta, con muchos sobresaltos para los dos porteros.
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Fue un partido con un solo gol, que entró en un lado como podría haber entrado en el otro. Entró en la portería del Betis. Y a última hora. Pero un linier entrometido llamado Javier Hugo Novoa, uno de esos extraños vocacionales del banderín elevados por no sé qué memez al inexistente rango de árbitro auxiliar, se lo quedó para sí. Le dio un ataque de importancia. Vivió su instante de gloria ante las acreditadas cámaras de Canal + y se llevó el gol del Rayo Vallecano como un recuerdo que colocará en la estantería del salón de su casa.
Doña Teresa y los suyos tendrán que tragarse la frustración. Hace tiempo que lo compruebo: con el Rayo todo el mundo se atreve. Mi teoría de que los fallos arbitrales se compensan cae en el caso de este equipo, que bien podría decir aquello de "Los enemigos del fútbol son tres: el árbitro y los liniers". Anoche mismo bien pudieron haber expulsado a Rivas cuando tiró a Glaucio, y bien pudieran haber señalado penalti por derribo a Bolic. Ni lo uno ni lo otro. Ni tampoco el gol. Todos los errores fueron en su perjuicio.