La lucha de la imaginación contra el programa
Jornadas así deciden la Liga. Noches como esta mueven el cedazo y hacen que algunos caigan y otros se sostengan. Anoche cayó definitivamente el Barça, al que por su peso histórico y la valía de sus jugadores aún no dábamos por definitivamente descartado. Pero ya no hay caso. Queda a ocho puntos del Madrid y el Valencia, dos líderes en forma que sacaron sus partidos con sangre, sudor y lágrimas. Sobre todo el Madrid. El Depor, a su vez, hizo una concesión de dos puntos que le deja un poco a contramano. Pierde papel como aspirante y lo gana como juez.
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Porque los dos, Madrid y Valencia, tienen que jugar todavía contra el Depor. La ventaja para el Valencia es que lo recibe, mientras que el Madrid lo visita. La ventaja para el Madrid es que el resto de su calendario es muy fácil y que tiene gran margen en diferencia de goles respecto al Valencia: veintiocho frente a catorce, imposible de enjugar. (En el goal average particular están igualados). Claro, que el Valencia tiene otra baza importante: está libre de partidos entre semana. Y eso a estas alturas de la temporada pesa mucho. El Madrid tiene ahora ante sí una montaña: el Bayern.
Dos líderes, dos aspirantes, dos estilos. El Madrid es la imaginación al poder. La imaginación de Zidane, de Raúl, de Roberto Carlos, de Figo (si vuelve algún día), del que sea. El Valencia es el programa. El Madrid juega sin dibujo, sin simetría, a base de acumular talento y esfuerzo. (Ayer pasó las de Caín ante un Sevilla que pegó mucho, quizá en desahogo de la supuesta ilegalidad del gol de Makelele, que fue válido). El Valencia es programa, orden, seguridad defensiva. Y esfuerzo también. Uno mete más goles que nadie, al otro le meten menos que a nadie. Todo un duelo.
