Villalonga: "Fue imposible salvar la vida de Johannes"
Para Villalonga, presidente de la Federación Balear, la muerte del austriaco "no tiene una explicación lógica".

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"Hicimos todo lo que pudimos para salvar la vida de Johannes Haeupl, pero fue imposible. Le arrojamos un segundo cuchillo para que se zafara del arnés y pudiera subir a la superficie, intentamos animarle para que no se pusiera nervioso... todo fue en vano. Todavía no encontramos una explicación lógica a este triste suceso, sobre todo teniendo en cuenta que los regatistas austriacos están acostumbrados a navegar con lluvia y viento. Ni siquiera sabemos si murió ahogado o le asfixió una cuerda". Francisco Villalonga, presidente de la Federación Balear de Vela, no para de darle vueltas a la trágica muerte de Johannes Haeupl en la última jornada de la regata Princesa Sofía-Madrid 2012, ocurrida el viernes en la bahía de Palma de Mallorca. De hecho, en los 33 años de historia de este trofeo jamás se había producido un accidente de tal magnitud.
Fatal casualidad. Para Villalonga, la muerte de Haeupl no puede tener otra consideración que la de "una fatal casualidad, una entre un millón". Que un hombre de su veteranía, con 32 años y más de diez de experiencia en este tipo de embarcaciones (clase Tornado), se vaya al fondo del mar arrastrado por el arnés metálico que lleva enganchado a su cintura, es una noticia difícil de digerir para Villalonga y para cualquiera que practique la vela. El Tornado, un catamarán de 6,09 metros de eslora, 3 de manga y 150 kilos de peso, lleva dos tripulantes a bordo, uno de ellos enganchado a un arnés metálico para poder trabajar con el trapecio que equilibra la eslora sin caerse al agua. En este caso, Johannes Haeupl era quien iba enganchado al arnés, mientras su hermano Martín llevaba el timón.
El viento que sopló el viernes en la bahía de Palma, en torno a 20 nudos (37 Km/h), fue el responsable de que volcase el catamarán de Johannes y Martín. No existía un oleaje excesivo, pero sí lo suficiente para que la propia corriente zarandease a Johannes en el fondo. En la única ocasión que pudo salir a flote, no alcanzó el cuchillo que le lanzaron desde una de las dos lanchas de salvamento que acudieron a socorrerle para que cortase la atadura. Hubo un segundo intento, también inútil.