Yo digo Alfredo Relaño

La irresistible inflación del deporte

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

No vimos la Milán-San Remo ni veremos el Giro de Italia. Los equipos ciclistas están moscas por ello y los españoles se plantean incluso no ir al Giro. Los patrocinadores pagan para que sus ciclistas salgan en los televisores luciendo su marca. Luego resulta que alguien quiere cobrar mucho por los derechos de televisión y la estrategia comercial se va al traste. Al mismo tiempo, el gigante Kirch se tambalea. Lo que pagó por los derechos del Mundial, cinco veces lo del Mundial anterior, se ha demostrado excesivo. No consigue recaudar en los distintos países lo que calculó.

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Y hay más. En Inglaterra, ITV compró los derechos de los resúmenes de los goles y ahora la cuenta no le sale. Ya anuncia que quizá no pueda pagar y los clubes ingleses temen encontrarse sin unos ingresos que ya se han gastado. En España, Audiovisual Sport ha acumulado pérdidas tremendas a causa del precio del fútbol. Empieza a estar claro que tras unos años de multiplicación de operadores de televisión en todos los países, dura competencia y aparición de nuevas tecnologías, el modelo se ha estabilizado. Y ahora se comprueba que no puede alimentar a la inflación creada.

Porque al hilo de este decenio de agitación televisiva, el deporte profesional ha cuadruplicado sus gastos. Y al tiempo se ha cargado de un ejército de intermediarios y aprovechateguis que se llaman a la parte, aparecen por todos lados como células cancerígenas y lo encarecen todo. La codicia es una enfermedad contagiosa que en el deporte profesional se ha convertido en epidemia. Pero ahora llega un ciclo de vacas flacas. Las televisiones no pueden pagar ese inagotable desvarío inflacionario. No pueden, simplemente, porque no pueden. No les llega. Y el deporte lo va a sentir.

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