Portillo y el enigma del gol
He ahí un jugador especial. Sólo los jugadores especiales despiertan revuelos así en sus primeras apariciones. Ya saben de lo que les hablo: debutó en la Champions y marcó un gol de bandera. Tres días después regresó al Segunda B para la ocasión singular de un miniderby. La Ciudad Deportiva saltó por sus costuras, se agotó el papel y abrieron las puertas para que entraran quinientos ávidos espectadores más, que alborotaban en la calle. Portillo correspondió a todo eso con dos goles que resolvieron el partido. Y al final, hasta se atrevió a enviarle un recado a Gil.
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Un jugador especial decía. No es exactamente un gran jugador. De hecho, apenas es jugador, porque interviene poco en el juego. Pero tiene el don del gol, que no le abandona según va subiendo años y categorías. Máximo goleador donde ha estado, en general pasando de cuarenta, y a veces de cincuenta. Este año apunta hacia un curioso récord: ser goleador en dos categorías: la Tercera, donde empezó y dejó 25 goles y la Segunda B, en la que lleva doce y suma y sigue. Pero no juega bien. Casi no juega. Quizá por eso nunca ha sido internacional en ninguna categoría.
Es un caso especial pero no único. Ha habido grandes goleadores que han jugado como los ángeles (Pelé, Puskas, Di Stéfano...) y otros que no jugaban nada bien. Torpedo Muller era un zote. Hugo Sánchez tampoco era un jugador suelto, sino un infalible killer que en una misma Liga consiguió marcar 38 goles ¡todos ellos de un solo toque! Portillo huye de la jugada. Lo suyo es emboscarse a la espalda de la defensa que mira hacia el lado por donde viene el balón y aparecer por sorpresa. Participa poco, pero mete goles a porrillo y esto es todo lo que hay que pedirle.
