Hierro y su mala salud de hierro
Ayer les hablaba de centrocampistas con gol y poca participación. Siento que se me quedara en el tintero el caso de un hombre que en el medio campo supo reunir las dos cosas: presencia y gol. Ese fue Fernando Hierro, al que Antic utilizó en esa zona con gran éxito. Él sí tuvo presencia insistente en el juego y también supo acumular goles al ritmo de los grandes especialistas del área. Unos llegando, al estilo de Fernando, Gerard o Guerrero; otros, con su potente disparo desde fuera del área, como Tiko. Unos cuantos más, y para eso da igual dónde se juegue, a balón parado.
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Luego regresó a la defensa, donde sienta cátedra de colocación y conocimiento por encima de su lenta decadencia física, que le obliga a emplazarse demasiado atrás y le cuesta tarjetas. Pero su dominio del juego es tal que yo le tengo visto lo que no había visto jamás a jugador alguno: defenderse incluso en tardes y noches en las que renqueaba estrepitosamente. Hace algunos años que sus achaques nos hacen temer que su final es inminente. Pero dura y dura, así que he llegado a la conclusión de que debe de tener eso que siempre se ha conocido como una mala salud de hierro.
Y sigue marcando goles. No es que alcance los números de sus años en el medio campo, pero gotea sus goles por aquí y por allá y de cuando en cuando, como ayer, aún se permite el lujo de marcar tres y resolver el partido por sí mismo. De corner, de penalti, en jugada. Gol fantasma, gol tocado, gol de cañonazo. Con no se sabe qué uno, con la derecha otro, con la izquierda el tercero. Cien, ciento uno, ciento dos... Más los tres que traía de Valladolid. Más veintisiete en la Selección. Más diecisiete en competiciones europeas. Más seis en la Copa. Echen la cuenta. Yo la perdí hace tiempo.
