Yo digo Alfredo Relaño

Carta del director

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Quizá usted haya encontrado algo raro en nuestro periódico de ayer. Menos información de la habitual de los equipos locales. Algunas erratas más de las que, desgraciadamente, se nos suelen escapar. Falta de tono en la página cinco. O quizá hayamos llegado tarde a su quiosco, particularmente en Extremadura o Baleares. Le debemos una explicación por ello.

La razón le va a sorprender: a partir de las diez de la noche nos quedamos sin suministro eléctrico, que no sé a qué hora se recuperaría. Desde luego, a las tres y media, cuando me marché a mi casa, aún no se había recuperado.

Ya lo ven. Un fin de semana con la cúpula del poder europeo hablando de la liberalización eléctrica y nosotros sin luz. Ni explicaciones de Unión FENOSA, que nos dejó tirados. Me figuro que el del destornillador estaba de puente, y allá te apañes. Yo me sentí joven, recordando mi niñez, cuando mi madre encendía velas en la casa del pueblo mesetario donde veraneábamos. Los jóvenes se sintieron extraños. "¿Es que es otra vez Navidad y hay exceso de consumo?". "No, tío, es que es puente. Fuera de los periódicos la gente hace puentes, ¿no lo sabes?". "Y cómo se hace un periódico sin luz?". "Pues con el grupo electrógeno, hasta que se agote".

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Así fue. Apagamos todo lo que no fuera imprescindible para prolongar la agonía del grupo electrógeno. Murió un poco después de la media noche, a milímetros de la meta. El periódico, vía ATM, había llegado completo (con una sola edición, eso sí, ni pensar en cambios) a las rotativas de Lugo, Barcelona, Dos Hermanas y Valencia. Cada confirmación era un alivio como si me quitarán un año de condena. En Burgos y Las Palmas hubo un pequeño fallo irremediable: el color amarillo de las páginas cinco y catorce, respectivamente. "Arranquemos así". En Mallorca quedaron sin entrar varias páginas. No había periódico. A Pinto, la rotativa que imprime para la zona centro, había llegado todo menos la página catorce. Pusimos la bandera a media asta en homenaje al heroico grupo que había muerto exangüe en defensa de la posición abandonada por el del destornillador de Unión FENOSA y recapitulamos.

"¿Qué se puede hacer?". A Baleares se improvisó un transporte aéreo desde Barcelona. A Pinto se trasladó en taxis el servidor del periódico, que unos forzudos bajaron a mano por la escalera. (Por supuesto, no había ascensor). Allí se conectó no sé cómo a no sé dónde. La página catorce completó el periódico de la edición centro. A las dos y diez arrancaban las dos rotativas de que disponemos allí. Veinticinco minutos más tarde me llegó el periódico. No lo pude leer, porque no había luz, pero lo acaricié con un afecto especial. Le pedí que me lo firmara a Pimentel, nuestro redactor de cierre, que había salvado el periódico con una cadena de decisiones oportunas. Felicité a todos y me marché a casa pensando en el del destornillador de Unión FENOSA. Y en toda la cadena de mandos de que depende, del primero al último.

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