Baja la polvareda y vuelve a verse el horizonte
El entusiasmo del antimadridismo por el suceso del miércoles ha provocado más de un desvarío. La alegría del Depor, con su legítima cuota de guasa "Cumpleaños feliz...", ha quedado pequeña frente a la euforia de los enemigos tradicionales del Madrid, en particular en Barcelona. El alivio ante la muerte súbita del temido triplete blanco, la satisfacción malévola por verle perder un título el día que cumplía cien años, ha exaltado tanto al antimadridismo clásico que ha caído en el extravío. Al barcelonismo se le ha notado que hubiera querido ocupar el puesto del Depor.
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No es cierto que el Madrid haya estado prepotente. Es lógico que mucha gente esté harta de oír hablar del Centenario, porque se lo han encontrado hasta en la sopa. Pero no por arrogancia del club (aquí lo único excesivo fue la proclama de Aznar), sino por la natural insistencia de los medios en un tema que se ha puesto de moda. Como otros están hartos de oír hablar de Operación Triunfo, sin que se pueda acusar a los organizadores del programa de nada. El Madrid se ha limitado a imponerse una obligación extra con su historia: ganar la Copa. Y no lo ha conseguido.
La final fue en el Bernabéu, sí. No sé por qué no lo pidieron en su día el Athletic o el Barcelona. El Barça pidió y obtuvo la final de la Champions, sólo que no llegó a ella. El Madrid sí llegó a su final de Copa, con grandes esfuerzos, por cierto, y resultó que la ventaja del campo propio en ocasión así no es tanta. El Depor, un equipo colosal y en mejor momento, ganó. Pero pasó y la vida sigue. El Madrid está ahora seis puntos por encima del Barça en la Liga y clasificado para cuartos, mientras el Barça espera al Liverpool con mucho en juego. El toro pone a cada uno en su sitio.
