Lo que irrita es la falta de credibilidad
Ante el Celta-Madrid, el cochambroso sistema de administración de justicia de nuestro fútbol ha conseguido un pequeño prodigio: todos están enfadados. El Madrid viaja molesto porque el Comité ha dejado sin la sanción prevista a Mostovoi y Cáceres, para lo cual ha vulnerado el principio tan argüido cuando el caso Rivaldo, de no juzgar cosa juzgada y etcétera. Al tiempo, el Comité pelotea una semana más el escatológico tema del escupitajo de Catanha a Fernando Sanz, jardín en el que se metió solito el propio Comité, sin que nadie le ayudara.
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En suma: que de cinco suspendidos que previsiblemente hubiera tenido el Celta, se ha quedado en dos. Desde el Madrid piensan que si el Celta tuviera que jugar esta semana con un equipo con menos leyenda de favoritismo (un Málaga, un Rayo...) los cinco hubieran sido suspendidos. Yo también lo creo. Pero el Celta, que está quemadísimo por lo que le ocurre con los árbitros, los comités y los rusos, entiende que todo empieza por los excesos de Pérez Burrull en el campo del Betis, sin los cuales no habría caso. Y ahora les cae Medina Cantalejo. Y también tienen razón.
Y eso es porque los árbitros se empeñan en hacerse el Fierabrás, en lugar de dejar que el fútbol fluya. Con frecuencia quieren meter su sello, se ponen bordes y montan líos. Y los del Comité, lo mismo o peor. Cogen una imagen de tele y la lían, y acaban creando un caso jurídico de un escupitajo, sobre el que meditan, sesudos, días y días, para decidir si es pegadizo, corredizo o escurridizo. Todo para hacer política, no justicia, sin que para ello les importe desautorizar a los árbitros y hasta a sí mismos, a sus propias decisiones de semanas atrás.
